La piel del agua -
22407
post-template-default,single,single-post,postid-22407,single-format-standard,ajax_updown,page_not_loaded,,select-theme-ver-3.6,wpb-js-composer js-comp-ver-5.7,vc_responsive
la piel del agua

La piel del agua

teatro-aire«Hace muchos, muchos años, la mujeres se reunían en los baños públicos, detrás de las celosias para tejer los delgados hilos de sus complicidades. Las mujeres se cuidaban de descalzarse siempre primero el pie derecho y después el izquierdo, como sin tan solo un paso fuera dado entre la entrada y la salida. Así situaban al Hammam fuera del espacio y del tiempo.

 

Entra… entra… esta es la casa del cuerpo como vino al mundo., la del fuego que era agua, la del agua  que era fuego.

Entra… entra… cae como la lluvia, enciéndete  como la paja, que tu piel sea la alegre ofrenda en la fuente de los sentidos…entra…»

 

Había una vez los espacios solo para mujeres…

 

No sé en qué momento las mujeres dejamos de pasar tiempo juntas sin prisas, de compartir espacios a solas (sin hombres), sin tener que justificar nada de lo que somos, sentimos o deseamos. Espacios en los que reina la complicidad, la confianza, la risa, el juego, el afecto, la comprensión, las penas y el cuerpo está en el centro de todo. Un cuerpo al que no se le exige ser perfecto, porque ya lo es. Cada una de las curvas, cicatrices, lunares…forman parte de nuestra historia, conformando el mapa de todas nuestras aventuras. 

 

 
Hace poco tuve la oportunidad de disfrutar de uno de los mejores espectáculos a los que haya asistido: «La Piel del agua». Un montaje de Teatro en el Aire dirigido por Lidia Rodriguez Correa. Como espectadoras, 25 mujeres (sí, sólo mujeres) son invitadas a participar de la experiencia de los antiguos baños turcos. Durante dos horas cada una de nosotras siente el placer de ser bañada. Entre el agua tibia y las friegas, la piel es una metáfora de nuestra vida. Sentir el calor y cuidado de otra mujer, la compañía de las demás, los aromas relajantes de aceites y especias (que se llevan todo lo que nos pesa, tapa, o juzga dentro de nosotras mismas) se convierte en una vivencia inolvidable. Las actrices y directora se convierten por esas horas en auténticas empleadas de unos baños turcos y ponen a nuestro servicio todo su amor. Desde que estuve allí aún le doy mucho más poder de transformación al arte. Ellas, con su delicadeza y creatividad nos entretienen y nos divierten, nos bañan, nos hacen reír, nos emocionan …Y no tengo dudas, también nos limpian el alma, son unas autenticas sanadoras que nos recuerdan toda la sabiduría que habita en nuestro cuerpo.

 

Y es curioso porque en medio de la intimidad lo que menos cuesta es desnudarse. De repente el cuerpo pasa a un segundo lugar, el baño es acompañado de conversaciones espontáneas entre las mujeres y eso hace que al final no sea relevante. Y precisamente por eso se produce un efecto mágico. Una siente que habita su cuerpo, sin complejos, ni dudas, es cuidado como el de las demás, sin comparaciones, ni comentarios, entonces se siente reconocido. Y una paz te recorre desde los pies hasta la punta del alma, donde se esconde la esencia del ser. Y es que nuestros cuerpos han sido juzgados tan ferozmente que por fin se atreven a asomar, no sólo la punta de la nariz, sino a brillar. 

 

 Amar el cuerpo: escuchar necesidades y certezas

 

No conozco a ninguna mujer que haya crecido «cerca» de su propio cuerpo. Que lo ame desde siempre incondicionalmente, tal y como es. Sí, ya se que puede sonar a locura. En realidad no voy a excusarme hablando de otras mujeres, ya me conozco a mi. Estamos hechas de carne, sentidos, piel, olor, sexo,  pero en la sociedad en la que vivimos es como si no nos pertenecieran. Y cada día que pasa perdemos información, capacidad de sentir y felicidad. Y da igual cuántas veces leas este párrafo, puede que incluso asientas mientras lo lees, pero  nada cambia porque solo lo pienses. Hace falta sentirlo.

 

Desde la historia de Eva crecimos aprendiendo que el cuerpo es parte del pecado, sobre todo el de la mujer. Deseado y repudiado a partes iguales. Da igual lo avanzados que creamos que estamos como sociedad, esto sigue ocurriendo. Si se muestra es provocación, si se esconde es falta de autoestima. Y podríamos estar así horas, días, siglos…y en ninguno de los dos casos, enseñando o escondiendo nos hacemos cargo de él…dejamos el poder de lo que eso significa en manos de otros. 
Desde hace algún tiempo me propuse recuperar este territorio que me pertenece, que me sostiene, que me dice tanto en cada momento…Estamos acostumbrados a escuchar sensaciones básicas, frío, calor, a veces sed, hambre pero el cuerpo también nos habla de necesidades más profundas o de certezas y no siempre estamos dispuestos a escuchar…¿tú lo estás?

Habitarnos y sentirnos: el regreso a casa

 

Gracias al trabajo de mujeres como Mónica Felipe-Larralde me he acercado al cuerpo de la mujer que soy y desde ahí ya no uso la palabra autoestima y  sí  la palabra dignidad. Desde entonces he vuelto a habitarme, a enraizar los pies en la tierra para poder volar cada vez más alto, desde mi piel, cicatrices, lunares, arrugas…¿desde dónde si no podría ser yo? Y después de esta experiencia he recordado que ¡el agua es sin duda un elemento tan presente  en mí! Forma parte de mi esencia y me recuerda la maravillosa fuerza de ser flexible, voluble, mansa, cristalina, arrolladora cascada, lluvia que limpia…¡PLACER DE SER LIBRE! Y esto no lo aprendo desde la mente, desde la parte más intelectual sino desde las experiencias que siento físicamente, las que vivo en la piel.

 

 
Me preguntaba al terminar el espectáculo que estos pequeños detalles, compartir un baño, un rato de intimidad se asocian a hacerlo en pareja. Aún así, en el día a  día de prisas y rutinas no me creo que se practique mucho…pero ¿y entre amigas? ¿qué nos lo impide? ¿en qué momento dejamos de verlo como algo natural, sano, sanador…?

 

Pensaba también al terminar que por suerte se están recuperando los círculos de mujeres, espacios en los que compartir, relativizar, reír, acompañar… espacios en los que sabemos que podemos mostrarnos vulnerables, risueñas, confesar lo que nos inquieta, abrazarnos desde el afecto más puro…

 

¿Y los hombres? ¿acaso no necesitan sentirse reconfortados, acompañados, abrazados, no juzgados…?

 

Quizás, cuando las mujeres recuperemos y todas habitemos de nuevo nuestro cuerpo, los hombres también sientan que pueden recuperar otros espacios de intimidad compartida  y mucho más…

 

 

 
 

a veces…
desnudarse
puede ser
un precioso gesto
de amor propio…

Chocolate Bailable
info@chocolatebailable.es

Una bailarina geóloga, una geóloga cuenta-cuentos,una cuenta-cuentos jardinera, una jardinera apasionada por los mapas, una comunicadora nata y ahora Community Manager y Diseñadora web, buscadora profesional de la belleza.

No Comments

Post a Comment