Celebrar la amistad

Hoy en día la velocidad a la que podemos conocer personas nuevas es casi la misma con la que podemos comprar casi cualquier cosa en internet, solo hace falta un clic. En realidad estamos expuestos a tantos estímulos que, sobre todo para mentes curiosas y hambrientas como la mía, es difícil resistir algunas tentaciones.  Por eso me resulta aún más valiosos encontrar personas que llegan, despiertan esa chispa inicial y se quedan, pero no se quedan de cualquier manera, se quedan en el corazón.

 

Estos días pensaba en que, cuando tenemos pareja, solemos celebrar los meses y años de aniversario pero con amigos ¿a que no es tan común ese hábito? Quizás es porque la mayoría de la gente tiene amigos desde la infancia y comparte con ellos su día a día y no sabría ponerle fecha de inicio a su amistad, o quizás porque los amigos, cuando llegan, es como si siempre hubieran estado ahí.

 

Para alguien como yo, con pocas raíces y con tanto movimiento, es importante celebrar la llegada de estas nuevas personas y sobre todo celebrar que se han quedado. Que yo me he quedado. Que esa persona y yo hemos sabido comprometernos y obtener las bendiciones de lo que significa la amistad.

 

Lo confieso, me cuesta mucho comprometerme en algunos ámbitos de mi vida. En realidad, debajo de mi cama, hay un monstruo que me habla por las noches, cada vez menos, y me dice que no puedo quedarme mucho tiempo en ningún sitio, que nadie puede descubrir que mi vida no es tan interesante, y que yo no tengo tantas cosas para mostrar. Y la niña que soy, se creyó a pies juntillas que para que te quieran tienes que estar innovando todo el rato, mostrando la mejor cara, estar alegre, saber hacer muchas cosas. Ahora que ya entiendo mejor el lenguaje oculto de los monstruos que viven debajo de las camas, ya no le hago tanto caso (vale, a veces aún lo escucho pero ya es como un ruido de fondo). Y por eso, con los años, he elegido quedarme, quedarme yo en el corazón de las personas y hacerles un hueco en el mío.  He descubierto, a través de la amistad, que abrir el corazón puede regalarme instantes, experiencias, que son parte de mi piel, de mi risa. En el último año hasta ese monstruo testarudo se ha rendido a los encantos de personas que han llegado a atisbarlo en su escondite ya no tan secreto.

 

Ayer celebraba un año de amistad con una mujer maravillosa, (¡sí precisamente el día de San Valentín!) y gracias a ello me doy cuenta de que es en las relaciones donde están mis raíces. En estos casi 40 años de vida me han acompañado mucho vaivén y movimiento y ahora es una delicia saber que tengo amigos que me recuerdan quien soy, que me sostienen, que me cuestionan, que me reconocen, que me divierten, que me secan las lágrimas y hasta me limpian los mocos si hace falta. Y no tengo que hacer nada especial, nada más que ser yo.

 

Con ellas y ellos me quedo, mi mente inquieta, mi cuerpo en movimiento, incluso el miedo,  se quedan y en ese momento una parte descansa porque no tiene que buscar nada más, no tiene que sacarse nada de la chistera para entretener, porque estar entre amigos, es estar en casa, es estar con lo más profundo de mi ser y eso…¡hay que celebrarlo!

 

…a veces…
celebrar
se vuelve imprescindible…

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Soy Angela

En este espacio me he dado el permiso de jugar con las palabras, la imaginación y la creatividad…

Mientras no estoy aquí me dedico a crear igualmente, acompaño a profesionales del desarrollo personal para que su proyecto de corazón tenga formato digital. He puesto mis conocimientos en diseño web, marketing digital y creatividad al servicio de personas que ayudan a otras a tener una vida más plena y feliz. Puedes encontrarme en www.angysanz.es

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