Recuerdos -
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Recuerdos

Recuerdos

Oler las flores– Me acuerdo de que nada más levantarme tenía que ir corriendo al espejo. Cogía el cepillo, la diadema y me peinaba despacio hasta tener cada pelo en su sitio. Así estaba lista para ir a desayunar –  Mientras lo decía ella se pasaba la mano por el cabello, no lo podía evitar, era la mujer más coqueta del mundo.

– ¡Ah los viajes del verano! ¿Sabe? En aquella época ir al Mediterráneo desde Asturias suponía dos días de recorrido en coche. Nos encajábamos entre maletas llenas de ropa veraniega, los libros de mi padre, juguetes, cubos y toallas de playa. Debajo del vestido, mi hermana pequeña y yo,  ya teníamos permiso para llevar el bañador – Ella volvió la cabeza hacia la izquierda con una sonrisa  a medio gas y continuó.

– Pero no todos los veranos fueron iguales. Nunca olvidaré como llegué a casa después de mi primer campamento y me metí en la bañera después de 15 días. Al salir y con cuidado puse un poco de crema calmante para picaduras en cada uno de los 200 mordiscos que tenía de mosquitos. Eran como heridas de guerra – Le guiñó un ojo a su interlocutor con una sonrisa ladeada y echando la cabeza levemente hacia atrás continuó después de un leve suspiro – La velocidad que sentía en mis patines y el nudo en el estómago antes de hacer una pirueta difícil, eso aun lo sueño cuando algo me aprieta la vida.

De pronto su cara se puso un poco más seria y ella dirigió una mirada directa a los ojos de él  para seguir con su monólogo.

–  Pero sin embargo no recuerdo casi nada de ninguno de mis juguetes, ni sus formas, ni colores. No recuerdo cuanto tiempo tarde en aprender a montar en bicicleta. Si me caí muchas veces, o no, es algo que se quedó en el pasado. Ni siquiera sé si fue mi padre o mi madre quien me enseñó – dijo frunciendo el ceño con aire interrogante.

– Tampoco recuerdo ningún cuento que nadie me haya contado de niña. Y aunque me gustaría saberlo no sé cómo se llamaba, ni el sabor de los besos, de aquel italiano que conocí en Cádiz en el verano de mis 17- Ella hizo una pausa dirigiendo su mirada al infinito  que la transportó a aquella playa –  Aunque fue encantadora la forma como posó su chaqueta sobre la arena para que yo me sentara, mientras me contaba que su madre era italiana y su padre australiano y él vivía 6 meses en cada país.

María asió su bolso de piel con fuerza hacia el regazo reforzando su postura inamovible. Suspiró una vez más y se decidió a dar por zanjada aquella conversación

– Mire joven, recuerdo muy bien lo que tengo que recordar y no recuerdo casi nada de lo que no me hace falta. Si usted quiere seguirles el juego a mis hijos y firmar esa autorización para que me encierren aquí hágalo de una vez, pero no me haga perder más el tiempo.

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…a veces..
recuerdo muy bien
lo que recuerdo
y no recuerdo nada
de lo que no recuerdo…

Chocolate Bailable
info@chocolatebailable.es

Una bailarina geóloga, una geóloga cuenta-cuentos,una cuenta-cuentos jardinera, una jardinera apasionada por los mapas, una comunicadora nata y ahora Community Manager y Diseñadora web, buscadora profesional de la belleza.

12 Comments

  • Moona

    06.01.2013 at 21:14 Responder

    Se me ha puesto el nudito en la garganta tras leerlo. Lamentable y tristemente estamos en una época en que abunda lo de deshacerse de lo «viejo», pero cuando se trata de «tus viejos», en mi caso no podría siquiera considerarlo, al menos mientras pueda darles los cuidados que ellos me dieron a mí 🙂

    Un abrazo

  • KATREyuk (@KATREyuk)

    06.01.2013 at 23:11 Responder

    Si, como dice Moona, una historia que hace un nudo en la garganta.
    Me quedo con los matices, los finales sorpresas, las lecciones… y hacer del respeto una bandera, para que las lágrimas no apaguen la sonrisa, ni queramos dejar de oler flores nunca.
    Un abrazo inmenso

  • Adwoa

    07.01.2013 at 12:49 Responder

    Me ha encantado el final y cómo nos has llevado, despacito, hasta el desenlace. A pesar del trasfondo triste que baña cada palabra y la crueldad que desenmascara el final, lo he leído con una media sonrisa en la que me he atrevido a enseñar los dientes progresivamente según iba leyendo «pero no me haga perder más el tiempo»…

  • Susana Lago

    07.01.2013 at 13:45 Responder

    A menudo se nos olvida que, salvo desgracia, todos nos haremos «viejos». Buena historia para recordarnos que las emociones no se gastan. Un beso y gracias por compartirlo.

  • Angela

    08.01.2013 at 08:06 Responder

    Moona, bienvenida por aquí, un gusto leerte 🙂 Tienes razón en que lo viejo se nos cae de las manos, ojalá todos, o muchos, encontráramos la forma de conectar con esa generación de mayores que seguro tiene mucho que aportar. Por mi parte comparto tu mismo sentimiento, mientras pueda no los abandonaré. Gracias por venir, un saludo!

    KATREyuk, yo creo que podemos olvidarnos de algunas cosas pero de oler las flores…eso nooo 😛 Habrá que recordarlo siempre 😉 Otro abrazo bien grande y apretao!

    Adwoa: te imagino leyendo justamente como has descrito 😀 Me alegra que te haya gustado. Nos seguimos leyendo 😀 Un abrazo!

    Susana: de nada morena! En eso tienes razón…me visualizo perfectamente como la protagonista de la historia y casi consigo sentir su vejez pero eso sí, también siento como sí lo hubiera vivido lo que cuenta y eso ya me hace feliz 😉 Un besote!

  • Tegala

    08.01.2013 at 14:05 Responder

    Todos pensamos en lo injusto que es abandonar a quién nos ha dado todo. Es lamentable pero yo últimamente observo otras injusticias que no parecen tan palpables a simple vista, la de esas personas que cuidan y entregan su vida a unos mayores que nos los cuidaron ni atendieron, mientras otros que lo dieron todo son abandonados… otra de tantas injusticias…

  • Shubhaa

    09.01.2013 at 17:15 Responder

    Mi querida Ángela, es un placer leerte y ver que sigues contando y despertando emociones con tus relatos… con este tipo de historias siempre me quedo con ganas de ver la versión de los hijos, será porque soy vicepresidenta del club de los malos hijos, jejeje.
    Gracias siempre y un abrazo que no se olvide

  • Angela

    11.01.2013 at 19:49 Responder

    Tegala, es verdad que se nos olvidan muchas cosas en el día a día y que hay tantas injusticias que se nos agotan los recuerdos y las memorias. Algo en tí siempre nos trae lo que otros no vemos ¡gracias por esa mirada! y por venir 😀 Un beso y un abrazo lento!

    Shubhaa: tienes razón, habrá que investigar la versión de los hijos…¿qué sentirán? 😀 Gracias también por venir y hacerme ver más allá 😉 Otro beso y abrazo lentito!

  • Luis

    12.01.2013 at 16:57 Responder

    ..y no olvidaré oler las flores que un día regalé, …no olvidaré el sabor de tantos besos y errores, …ni de donde vengo, …menos de aquellos que me dedicaron su vida para ser quien soy ….

    • Angela

      13.01.2013 at 11:35 Responder

      Luis, que gusto verte por aquí…sin olvidar palabras y versos que fluyen y llegan cargados tu verde y esa forma de ver la vida en poesía…
      Un abrazo y gracias por venir!

  • jopetasmanuela

    14.01.2013 at 10:47 Responder

    me ha gustado ange, tu cerebro y el mio funcionan como maquinas contrarias jijiji es divertido.
    aunq a mi me da la impresion cuando te leo, q escribes mucho en b, es como si no te quisieras separar de tus pensamientos, de tus sensaciones. es consciente?, es real?…
    ultimamente creo q pienso demasiado las cosas jijjiji
    besito

  • Angela

    14.01.2013 at 14:12 Responder

    Ay jopetasmanuela! Qué bueno verte por aquí 😀 Ayer estaba viendo el vídeo que me enviaste sobre la empatia y creo que te daría un punto de vista diferente sobre la escritura. Creo que la forma más ¿fácil? de conectar con el lector es a través de nuestras propias emociones, pero eso requiere, en la mayoría de los casos sumergirnos en ellas y a partir de ahí buscar la forma más fácil de transmitirlas…quizás por eso creo que la escritura en cualquier de sus formas exige que uno se vea por dentro y luego deje fluir…¿cómo lo ves? Besos y a ver cuando tú te dejas leer 😉

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