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Bailando con dragones…

Estas últimas semanas he estado bailando con dragones o ¿será que lo he hecho toda la vida? Quizás ahora lo haga más conscientemente…sé que estoy bailando y sé que es con Dragones.

 

Después de haber tenido el placer de disfrutar del taller inicial de Dragon Dreaming, una metodología para crear proyectos sostenibles y exitosos (¡que te recomiendo encarecidamente!), siento una avalancha de emociones. Si tuviera que destacar algo es que siento con mucha fuerza esa delgada línea que separa la luz y la sombra, el aire y el agua, fuera y dentro y cómo con un solo movimiento o ¿pensamiento? estamos de un lado o de otro. Supongo que en eso consiste el baile, amor-miedo aceptando ambos, si no sería una cacería de dragones en la que al matar esos seres que nos asustan nos quedaríamos también sin poderes mágicos . Supongo que no es nuevo ni para ti, ni para mi. Supongo que todos lo hacemos a diario ¿no?

 

Y mientras bailo, encuentro este poema que una de mis hermanas compartió estos días:
 

 

NO BASTA

 

No basta con
decidir abrirte.
 
Debes hundirte los dedos
en el ombligo, con las dos manos
agrietarte,
derramar los lagartos y los sapos
las orquídeas y los girasoles,
virar al revés el laberinto.
Sacudirlo.
 

 

Sin embargo, no te vacías del todo.
Quizás una flema verde
se esconde en tu tos.
Tal vez no sabes que la tienes
hasta que un nudo
te crece en la garganta
y se convierte en rana.
 

 

Te cosquillea una sonrisa secreta
en el paladar
lleno de orgasmos diminutos.
 
Pero tarde o temprano
se revela.
La rana verde croa sin discreción.
Todos miran.
 

 

No basta con abrirte
una sola vez.
De nuevo debes hundirte los dedos
en el ombligo, con las dos manos
desgarrarte,
dejar caer ratas muertas y cucarachas
lluvia de primavera, mazorcas en capullo.
Virar al revés el laberinto.
Sacudirlo.
 

 

Esta vez debes soltarlo todo.
Enfrentar el rostro abierto del dragón
y dejar que el terror te trague.
—Te disuelves en su saliva
—nadie te reconoce hecha charco
—nadie te extraña
—ni siquiera te recuerdan
y el laberinto
tampoco es creación tuya.
 

 

Y has cruzado.
Y a tu alrededor espacio.
Sola. Con la nada.
 

 

Nadie te va a salvar.
Nadie te va a cortar la soga,
a cortar las gruesas espinas que te rodean.
Nadie vendrá a asaltar
los muros del castillo ni
a despertar con un beso tu nacimiento,
a bajar por tu pelo,
ni a montarte
en el caballo blanco.
 

 

No hay nadie que
te alimente el anhelo.
Acéptalo. Tendrás que
hacerlo, hacerlo tú misma.
Y a tu alrededor un vasto terreno.
Sola. Con la noche.
Tendrás que hacerte amiga de lo oscuro
si quieres dormir por las noches.
 

 

No basta con
soltar dos, tres veces,
cien. Pronto todo es
tedioso, insuficiente.
El rostro abierto de la noche
ya no te interesa.
Y pronto, otra vez, regresas
a tu elemento y
como un pez al aire
sales al descubierto
sólo entre respiros.
Pero ya tienes agallas
creciéndote en los senos.
 

 

Gloria Anzaldúa
(Valle del Río Grande, Texas, EE.UU, 1942-2004)

 

Y mientras lo leo
y bailo
quizás en el anhelo
de pertenecer-me
suena repetidamente esta canción
y siento que me amo
y me temo
con la misma intensidad
y dejo que,
como olas,
me mezan todos esos dragones…

 

…a veces…

¿bailamos con ellos?

Si te ha gustado ¡comparte!

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Soy Angela

En este espacio me he dado el permiso de jugar con las palabras, la imaginación y la creatividad…

Mientras no estoy aquí me dedico a crear igualmente, acompaño a profesionales del desarrollo personal para que su proyecto de corazón tenga formato digital. He puesto mis conocimientos en diseño web, marketing digital y creatividad al servicio de personas que ayudan a otras a tener una vida más plena y feliz. Puedes encontrarme en www.angysanz.es

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